La vidriera de un salón de ropa haute couture estaba justo antes de la puerta del destino. Por costumbre se detuvo frente de ella y se tomó un momento para observar el codiciado vestido. Un vestido de color rojo con un broche de diamantes en el pecho. “Falta poco, ¡ya vas a ser mío! ¡Me merezco vestir de lujo! Este color gris corporativo, tan aburrido y muerto, se me pegó a la piel. ¡Y yo he nacido para brillar y lucir! No importa quién piensa qué. Yo sé la verdad, ¡y pronto todos la verán!” Puso la palma en el vidrio frío. Si no hubiera gente pasando por la calle,…